diumenge, 16 de febrer de 2014






Lucha contra la destrucción de lo publico


Los Servicios Públicos y el futuro incierto.

Desde la crisis de los 70 a niveles europeos y desde la década de los 80 a niveles del estado español, han sido demasiados años contemplando como los servicios esenciales para la comunidad y las empresas públicas, por medio de las cuales se prestaban parte de estos servicios, patrimonio de toda la sociedad-, eran convertidos en negocio y expropiados a la mayoría.


Unas veces, directamente empresas multinacionales y, otras, los distintos gobiernos transfieren lo público a la voracidad del mercado en nombre de la “eficacia” y el “bien común”, expoliando derechos de las personas, esenciales para la vida: la salud,  la enseñanza pública, la educación superior, la energía, los transportes, la comunicación y en parte los sistemas públicos de Seguridad Social en capítulos tan esenciales como las Pensiones.

¿Por qué el transporte, la sanidad, la educación, los cuidados de los otros y otras, la cultura, el agua, el gas, la electricidad, el espacio, el suelo, son Públicos?
  • Porque las personas tenemos necesidades desde que nacemos: de ser cuidadas en la infancia, cuando sufrimos dependencia; de educarnos y adquirir conocimientos para pensar y actuar como personas con autonomía, de que nuestra salud sea buena y adecuada, de poder disponer y utilizar los medios esenciales para la vida: alimentos, energía, agua, viviendas, de tener transportes para relacionarnos con las y los demás, trasladarnos a los trabajos, de tener pensiones adecuadas y suficientes cuando termina nuestro ciclo de trabajo obligatorio, de tener prestaciones sociales suficientes en los casos de desempleo, invalidez…
Esta es la LÓGICA DE LO PÚBLICO: Su objetivo es la satisfacción de necesidades sociales y éstas son universales, nos afectan a todas y a todos a lo largo de nuestra vida.  No son económicos.
  • Se busca la protección social en situaciones de necesidad: y se redistribuye la riqueza que entre todas las personas creamos, para que todas las personas tengan acceso a derechos esenciales para una vida digna, de manera igualitaria.
  • No existe un interés privado, particular, sino colectivo porque todas las personas tenemos las mismas necesidades y, nadie debe lucrarse o apropiarse de manera egoísta de lo que es de toda la ciudadanía.
  • Las prestaciones públicas son cubiertas con los recursos que producimos entre todas las personas a través de nuestros contratos de trabajo, de los impuestos, de las rentas. Todas tenemos que contribuir, quien más gana más aporta. La sociedad ejercita la solidaridad.
  • La gestión de estos servicios públicos no se rige por el principio de rentabilidad económica, sino por principios de reparto necesario y suficiente, para cubrir necesidades sociales.
¿Por qué la clase política quieren privatizar nuestras necesidades sociales y buscar el lucro y el beneficio privado de unas y unos cuantos (empresariado, financieras, aseguradoras), cuando su obligación política es defender el interés general?
  • La LÓGICA DE LO PRIVADO sólo busca un interés económico particular sin importarles las necesidades de la mayoría de la sociedad.
  • Se busca la rentabilidad, el negocio para los y las accionistas y las y los gestores con las reglas de la competitividad y la productividad, sin importar las consecuencias sobre las necesidades sociales.
  • Los elementos que se valoran son exclusivamente económicos y las decisiones se desligan de las personas.

Las personas tenemos que recibir estos servicios, como derechos de la ciudadanía. Ahora pretenden convertirlos en mercancías que habría que comprar y en donde las personas de bajos recursos (la mayoría) no tendremos acceso a ellos.

La apropiación general de los espacios públicos, del territorio y del medio.

La privatización se ejerce en las calles y en los últimos espacios verdes de la ciudad: los centros comerciales se apropian de zonas de espacio público y se constituyen en áreas  privadas, para que la ciudadanía ejerza su única libertad, la de comprar y consumir.

Las megas estructuras urbanas (autovías, túneles, aparcamientos), los megaproyectos residenciales, las torres comerciales, la recuperación de la zonas céntricas por el capital privado para la especulación urbanística, han contribuido a la fragmentación social, a la exclusión del patrimonio colectivo, a la imposición de una nueva cultura. La ciudad se estructura desde la competitividad.

El crecimiento del automóvil en detrimento del transporte por ferrocarril, como factor decisorio en el diseño de la vialidad con el descuido del transporte público y social, del uso peatonal del espacio urbano. Fragmentan la ciudad, aíslan el entorno urbano, haciendo más difícil la vida cotidiana de las y los habitantes, en particular de las y los que viven del sector informal de la economía, ayudando así a la ampliación de la brecha entre personas ricas y pobres, en la ciudad y en el campo.

Las ciudades se fragmentan, entre las y los usuarios y no, las y los consumidores y no, personas integradas y excluidas. Los barrios se han disuelto, no hay más identidad barrial, se han distanciado los unos de los otros, no hay solidaridad y el uso del espacio urbano se hace más impersonal, individual, como si la ciudad no fuera de todas y todos.

La vivienda sólo para quien pueda pagarla y desgajada de la vida diaria de las personas, cada vez más alejadas de sus trabajos, de sus actividades sociales.

La filosofía de poner recursos públicos en manos privadas, la encontramos en el mercado del Agua y de la Energía, basado en transacciones entre particulares. Se desatienden aquellos aspectos de la gestión del dominio público hidráulico sin rentabilidad económica, como el control de los vertidos, la mejora ambiental de márgenes y riberas, etc., aspectos esenciales de contenido ambiental.

Se tiende hacia un escenario en el que tendrá agua quien pueda pagarla, educación quien pueda pagarla, buena salud, pensión suficiente, vivienda, etc… quien pueda pagarlas.

Las actuales políticas niegan nuestros derechos sociales, convirtiéndoles en retórica. La erradicación de la exclusión social, la pobreza… han sido trasladadas al “mercado libre”, transformando su naturaleza: de necesidades sociales las cuales hay que cubrir universal y suficientemente, hemos pasado a servicios, y quien los usa debe tener capacidad económica para sufragarlos.

La  vida entendida de forma colectiva es una cuestión de solidaridad entre grupos sociales, territorios y generaciones. Quien no entiende la solidaridad bajo estos parámetros, confunde intencionadamente, el bienestar social de todas y todos, con el bienestar privado que cada cual pueda pagarse.

CGT por la defensa de los Servicios Públicos como derechos sociales suficientes para Todas y Todos.

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