dijous, 12 d’abril de 2012

GUILLERMO RENDUELES / PSIQUIATRA Y ENSAYISTA
MARTES 10 DE ABRIL DE 2012. NÚMERO 171 NÚMERO 172
http://www.diagonalperiodico.net/Tras-la-huelga-seguir-o-reempezar.html

Desde una nave espacial, un politólogo marciano observa Asturias. Percibe una tierra que ha pasado de la prosperidad generalizada a la amenaza de pobreza para un tercio de sus habitantes. Ante la contradicción entre las condiciones objetivas para la guerra social y la pax real, nuestro explorador galáctico, para encuadrar la anomalía asturiana, identificará a sus habitantes con un viejo término que los ilustrados que redactaron la Pepa, hace ahora 200 años, usaron para sus conciudadanos que vitoreaban a un rey felón: los serviles. Porque no deja de resultar misteriosa una actualidad presidida por una crisis que, provocando dolor y malestar generalizado, no genera defensas colectivas.

Hoy el voto o las huelgas testimoniales, como la ultima contra el gobierno Zapatero, se han convertido en pseudo-acciones que liquidan la resistencia al discurso dominante. Son ilusiones de una acción que simula tomar la calle y que por ello no promueve la conciencia colectiva sino que la enturbia: se crea la alucinación de un poder del que se carece pero que es agitado por los líderes político-sindicales. Cuando se comprueba la falsedad de ese poder y que la huelga sólo trae nuevas negociaciones, las gentes entran en un proceso psicológico similar a la “indefensión aprendida” que Seligman describió en los animales de laboratorio a los que, hiciesen lo que hiciesen, sus acciones no cambiaban su situación de sufrimiento.

Junto a ese nihilismo de los falsos empoderamientos prometidos y no cumplidos, la indefensión colectiva se completa con un proceso de desafiliación social. Comprobar el nivel de la derrota, la desaparición de cualquier ‘nosotros’ popular duradero y su substitución por un aglutinado de individuos, requiere valor y distancia crítica frente al discurso reformista que pide votos o huelgas testimoniales para seguir negociando la rapidez con que el reino liberal se impone.

Bruselas puede mandar media docena de burócratas y tras intervenirnos, dictar privatizaciones continuadas. Pensar que acciones tan modestas como las que se prescriben para el 29M pueden frenar la destrucción de los restos del Estado del bienestar requiere una falsa conciencia basada en un proceso tan común en la psicología individual como la disonancia cognitiva. Cuando la realidad se muestra en desacuerdo con las creencias, basta con falsear la realidad acomodándola a nuestro deseo: la prosperidad volverá cuando “salgamos del túnel”. De ahí que identificarse con el agresor sea la estrategia de las poblaciones resignadas a la servidumbre voluntaria.

Ante un cambio de condiciones sociales tan drástico, nuestro marciano se asombra de la ceguera de unas poblaciones que no perciben que ya han sufrido un jaque mate y que hoy carecen de fuerza: las duras luchas populares en Grecia no han logrado que los burócratas europeístas muevan uno solo de sus dictados.

Para resistir hay que volver a empezar reconociendo la inexistencia de una clase obrera que sólo existe mediante la conciencia colectiva. En la Dupont de Asturias ningún trabajador sabe lo que cobra su compañero, cada contrato, según su gerente, “es una relación individual entre la empresa y el individuo”. Si ése es el futuro que nos espera, la miseria de las gentes no se transformará en luchas sino en picaresca para resistir el precariado con estrategias de supervivencia individualizada. Los estudiosos de cómo nació la clase obrera nos muestran los múltiples afluentes de pequeños colectivos que tejieron solidaridades que cristalizaron en grandes movimientos e impusieron los pactos keynesianos. Hoy como entonces toca reconocer la derrota y volver a empezar.

GUILLERMO RENDUELES / PSIQUIATRA Y ENSAYISTA


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