divendres, 30 de març de 2012

Ya se han apagado los ecos de las últimas voces coreadas por los cientos de miles de manifestantes. Cruce de informaciones, cifras, valoraciones, análisis de incidentes, futuribles… un rosario que se reproduce una y otra vez, después de cada Huelga General. El resultado real se encuentra en la conciencia de cada una de las personas que han sumado su presencia y esperanzas a esta acción solidaria como pocas.

Hay quienes afean el que otras personas hayamos dejado de trabajar para manifestar de esta cívica forma nuestra indignación por tanto atropello a los derechos de todo un pueblo. Otros miran de reojo a quienes ofrecieron ese día de jornal para que sea posible una alternativa a la crisis justa y equitativa para el pueblo, para los que poco o nada tienen y que garantice el trabajo y la vivienda para todas y todos. Algunos más se sienten más listos, o al menos “menos torpes”, porque no se metieron en líos y han salvaguardado su escaso y raquítico jornal. Además están los que han sentido miedo a perder lo poco que tienen, su trabajo, por ni siquiera manifestarse a favor de la huelga. A estas personas solo queda decirles que es de humanos temer por las consecuencias y que habrá muchas otras formas de manifestarse, de tomar las calles, por las tardes, los sábados o fiestas de “guardar”. Pero que lo hagan, porque si el miedo es libre, también es libre la opción de manifestar la desesperanza, la hartura de recibir malas noticias y de pagar siempre los mismos los platos que otros rompen.

Hoy un día después de la Huelga General, se confirma lo que se sabía, que el gobierno no dará su brazo a torcer, que en el parlamento se escenificará una vez más la farsa de que hay consenso, acuerdos, y que el texto de una infame reforma se “perfecciona”, dando retoques en algunos términos, quitando de aquí o de allí alguna coma. Hoy sabemos algo más de cuanto queda por hacer. Seguro que ninguno de los que han ido a la Huelga está satisfecho con el comportamiento de sus compañeros y compañeras que sí han trabajado, con los de otras empresas que no han parado. Pero también son conscientes de que no es momento de reproches, sino de volver a insistir en la acción conjunta y solidaria para evitar los efectos nefastos de esta Reforma Laboral. Hora es de defender casa a casa, empresa a empresa, los derechos que nunca se han regalado y que siempre han precisado de sacrificios para conquistarlos.

Rafael Fenoy Rico



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