dissabte, 14 de gener de 2012

Un crudo documental sobre un falso programa de tv, donde 80 concursantes son inducidos a obedecer incluso causando daño físico a otra persona. Las respuestas erróneas de un falso concursante (es un actor), son penalizadas por otro concursante (el sujeto experimental) que hace las preguntas y administra el castigo con descargas eléctricas cada vez más fuertes.



Los concursantes son presionados por un entorno (un plató de televisión y un público auténticos), y una autoridad (una presentadora famosa). No se mueven ni por popularidad ni por dinero, ya que saben que es una prueba de puesta en marcha de un programa nuevo. Nada está realmente en juego. Actúan de buena fe, no por egoísmo, simplemente dejándose arrastrar por una presión externa, incluso a pesar de tener ellos el mando y la posibilidad de parar el daño físico en cualquier momento. Así de… ¿sencillo?

El documental desvela varios mecanismos de comportamiento: la coacción de los que mandan fuerza la obediencia ciega, y el autoengaño permite seguir obedeciendo. Pero también vemos algunos desobedientes, los rebeldes. Personas empáticas, íntegras, seguras y coherentes incluso bajo gran presión. Pero, ¿por qué no serlo si además no te juegas nada? Evidentemente, a la fuerza ahorcan, aunque, ¿siempre es así? No, siempre no nos vemos forzados sin remedio a actuar contra nuestros valores.

Más allá del experimento televisivo, preguntémonos por qué obedecemos a la autoridad en nuestro medio laboral, EN EL SERVICIO PÚBLICO, qué sentido tiene aceptar y reconocer su autoridad. Miedos irracionales, costumbre, falta de alternativas, de ejemplos, verse solo, presión, llevan a eludir la propia responsabilidad como servidores públicos.

Sin embargo se puede decidir. Nos inducen a creer que es SU RESPONSABILIDAD porque mandan, porque al fin y al cabo ellos firman y deciden, luego ellos sabrán, ellos sufrirán las consecuencias legales. Al fin y al cabo sólo somos meros instrumentos anónimos, unos mandados. El que manda, manda. No va conmigo. Ahí está el autoengaño que favorece la sumisión, la complicidad.

AHORA estamos sufriendo NOSOTROS los trabajadores y ciudadanos, NO ELLOS los políticos y sus mercenarios, las consecuencias de esa delegación de responsabilidad en depredadores. 

Pues no. La decisión muchas veces es nuestra. Será más fácil o más difícil. No importa que nuestra pequeña decisión se pierda entre una inmensidad de despropósitos. No podemos cambiarlo todo. Pero esto que tengo delante de mí sí, hoy sí.

No. Aquí paro, tú dirás lo que quieras, si quieres hazlo tú, yo me planto. De esto no quiero saber nada. Pues que lo haga otro. Esto no es así y no es así. Esto no puedo hacerlo, no es correcto. Esto es demasiado, un abuso.

Son posibles respuestas, más o menos tajantes ante abusos de autoridad.

¿A ti no te parece que esto es un desastre, o está mal, o así no puede ser, es una barbaridad, pasada, locura, muy fuerte, etc? ¿no hay otra forma de hacer esto? ¿por qué no lo hablamos con calma?

Son posibles preguntas como forma de respuesta; quizá, más negociadora, de búsqueda de soluciones alternativas, un intento de razonar. Otro estilo.

Hemos crecido en ambientes autoritarios. Es nuestra educación. Cada día todo nos induce a obedecer. ¿Cómo aprender a desaprender eso? ¿cómo desprogramarse?

Hacerlo forma parte de un proceso de crecimiento que dura toda la vida. De nosotros depende.

Disfrutad el documental. Somos los concursantes.


Ahora, después de verlo, SEGUID OBEDECIENDO.

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