diumenge, 8 de maig de 2011

La indefensión aprendida (o desesperanza inducida)

Este curioso concepto, horrible como el que más, es habitualmente manejado en el ámbito de la sicología (ver Martin Seligman y sus divertidos y ejemplarizantes experimentos de perritos y ratitas puteadas con descargas eléctricas), aplicándose, el concepto, que no las descargas, a individuos víctimas de violencia doméstica, marginación social, desempleados, etc.

Consiste en una condición sicológica en la que el individuo, como resultado de la experiencia de varios fracasos continuos en una misma lucha, va perdiendo progresivamente su capacidad y energía para sobreponerse a los fracasos, y se persuade de que, haga lo que haga, por más que lo intente, el resultado escapa a su control. La percepción de incontrolabilidad provoca una desesperanza absoluta que lo sume en la inacción.

Si el sujeto atribuye los resultados a causas internas, si cree que es por su culpa y que, por tanto, merece su situación, presentará además una disminución de autoestima, padeciendo un estado emocional depresivo, variable en función del grado de expectativas.

Confinado el asunto en las consultas de nuestros queridos amigos los sicólogos, se aísla convenientemente esta cruel lacra social. Otro feo defecto personal, pero, con soluciones diversas: todo un patético mundo de drogas y autoayuda en auxilio de esos apestosos perdedores. Tema resuelto, qué alivio no ser así. JÁ!

Afrontemos que TODOS hemos sido y estamos siendo adiestrados, como individuos y como colectivo social, desde que el tiempo es tiempo, en asumir y en aceptar cierto orden de cosas, en que hay cosas en las que NO PODEMOS HACER NADA, eso es así. Mejor distraerse y pensar en otra cosa ¿qué hacen en la tele?

Pero no estamos hablando de ajustar expectativas excesivas, ni de fáciles soluciones mágicas curalotodo, sino de cómo se puede PROVOCAR esa rendición, esa renuncia antes incluso de intentarlo. Cómo se nos condiciona PARA APRENDER A PERDER resiliencia, cómo se busca desilusionar e INDUCIR desesperanzas más rentables, para DESMOBILIZAR la sociedad.

¿Cómo? Con la arbitrariedad y la impunidad de poderes públicos que, mediante el soborno y la corrupción, encuentran rápido cómplices y partícipes subvencionados del pastel de la cosa pública.

Unos y otros, relucientes cúpulas de sofisticadas estructuras, son resultado de rudimentarios mecanismos de delegación de un poder que, en teoría, pertenece al pueblo (sí, ése, del que emanan los poderes del Estado). Una delegación, diseñada por expertos y vendida por especialistas, para una ciudadanía demasiado inmadura, permanente y sospechosamente poco cualificada, además de perezosa, para estos temas de la participación y la organización.

Y así lo aprendemos y así nos lo enseñan, mediante la demostración una y mil veces del engaño, de la traición, de las falsas promesas, palabras, palabras y más palabras, NINGÚN HECHO, ¡NUNCA!, y vuelta a empezar, CONSECUENCIA: el asco, el sálvese quien pueda, la desconfianza, la sensación de INDEFENSIÓN, porque, efectivamente, quién lo niega: todos son iguales, parásitos, aquí y en Lima.

Se cierra el círculo. Pero sigamos así, delegad y participad del pastel.
Por cierto, ya queda poco pastel ¿no? que os aproveche, todo para vosotros!!!!!

...próxima entrada: El engaño convenido 4.4 Vencer la indefensión aprendida. Renunciar al soborno.

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