dissabte, 16 d’abril de 2011

La distracción

Mediante la manipulación de los medios de comunicación se intenta modificar costumbres y educarnos. Manipulándonos con distracciones y desviando nuestra atención de problemas importantes, se moldea no sólo nuestra opinión, sino algo todavía más grave: nuestra capacidad de enfrentarnos a decisiones tomadas en nuestro lugar por las élites de cualquier tipo y nivel.

Tenemos amplio repertorio de distracciones: temas intrascendentes como el fútbol, la vida de famosetes, el cine, la música… y también, por ejemplo, el hablar de problemas difusos o generales, pero que son considerados como los GRANDES TEMAS: la paz, el hambre, los matrimonios entre homosexuales (qué escándalo), la violencia de género, el aborto, la iglesia, etc.

Unos más importantes que otros pero que, de hecho, se tratan o son de una naturaleza tal que superan la competencia o la verdadera intención de afrontarlos de quien los utiliza. Aunque eso tampoco importa mucho, porque están ahí para que, tanto los responsables como la oposición profesional o el público en general puedan permitirse aparentar estar preocupados por el bien común, y así dotarse de contenido y personalidad gracias a esos temas IMPORTANTES, de calado. Etiquetas con las que nos permiten ser progresistas, conservadores o, para colmo de sesudos ahorradores radikales: ¡republicanos! Pero así nos definimos y tenemos a quien odiar, sea Goldstein, Saddam, Bush, Gadafi, Zapatero o la marioneta representativa del momento.

Temas fáciles o difíciles que crean polémicas ABSURDAS, de debate de colegio, que nos permiten no implicarnos en NADA, porque no se traducen en NADA, pero que, sin riesgo alguno, nos proporcionan temas de conversación para la barra del bar, en el almuerzo, con el taxista, de conversaciones o vomitaciones sobre lo mal que está el mundo.

Temas que con la peor intención son manipulados y dirigidos por campañas electorales, para poder ser "resueltos" gracias a la compleja maquinaria de sencillo mecanismo: EL VOTO!!! de ese crucial día de cada cuatro años, que nos libera de hacer NADA los mil cuatrocientos cincuenta y nueve días siguientes.

Porque se trata de distraernos, mantenernos ocupados, ocupados, ocupados, sin tiempo para pensar… o para pensar demasiado, llegando finalmente abrumados a esa anuladora indefensión aprendida e inducida que nos incapacita, pero que es ÚTIL en cualquier caso, porque nos dota a nosotros y al sistema de válvulas de escape y de COARTADAS para no tener que asumir responsabilidades a todos los niveles: desde individuales a sociales: “Sí, TODOS lo sabemos, es una mierda, pero, NO SE PUEDE HACER NADA”

... próxima entrada: Las estrategias de manipulación mediática

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